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Perón: inmortal

1° de Julio, 2025
Ivan Madoery y Santiago MartinPor Ivan Madoery y Santiago Martin
Perón: inmortal

Hoy, 1° de Julio no es un día más, es uno para afilar la memoria, para sacudir la modorra cívica y recordar que un hombre como Juan Domingo Perón no nace todos los días. Llegado al mundo un 8 de octubre de 1895 en Lobos, provincia de Buenos Aires, Perón se forjó entre cuarteles y viajes, entre el Colegio Militar y los oficios diplomáticos en Chile e Italia.

Allá por 1943, desde esa trinchera que fue la Secretaría de Trabajo y Previsión, donde la oligarquía ya torcía el gesto, empezó a construir algo que en Argentina todavía no había nacido: justicia social. Y desde ahí hasta llegar a ser tres veces presidente, nunca perdió el norte: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación. Dos cosas que muchos consideran incompatibles, porque claro, para ciertos sectores, la Patria es un negocio y el pueblo un estorbo.

Mientras el mundo jugaba a la pulseada entre el comunismo de Moscú y el capitalismo anglosajón, Perón propuso algo más nuestro, más criollo, más sensato, el Justicialismo. Una síntesis superadora que no se le ocurrió a ningún pensador europeo, sino que brotó de la pampa húmeda, de los conventillos y de los talleres, del corazón del pueblo argentino, ese que no tiene cátedra pero sí calle; que la economía esté al servicio del hombre, y no el hombre al servicio de la economía, una idea demasiado controvertida para la época (y también para ahora).

"La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo", decía Perón. Bajo las banderas de la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, se nacionalizaron los fierros del poder, se dignificó al obrero, se levantó la industria, se enfrentó de igual a igual a las potencias del mundo, se apostó a la ciencia, a la educación, a la salud… ¡y hasta se pagó la deuda externa, compañeros! Sí, cosas que hoy parecen inalcanzables, pero que fueron realidad efectiva: Con Perón fuimos potencia.

Con Eva a su lado, esa mujer que no vino del salón sino de la historia, empujó conquistas que las damas bien vestidas de la Sociedad de Beneficencia jamás se atrevieron ni a imaginar. No sólo el voto femenino y el lugar de la mujer en la política, sino algo más profundo: les dio nombre y dignidad a las olvidadas, abrigo para las madres solas, justicia para las que nunca habían sido más que criadas. Y lo coronó todo con una Constitución hecha en casa, para un país con vocación de justicia.

Tan hondo caló el peronismo en el alma de la gente, que hasta sus detractores más fervientes (esos que no podrían distinguir a un descamisado de un mozo de bar) hoy se disfrazan de peronistas para cazar votos. Desde el gerente Macri hasta el loco Milei, todos se cuelgan del saco de Perón como si fuera el sobretodo del abuelo, sin saber ni una coma de lo que decía.

Y hay otros, los vivos de siempre, que se ponen la camiseta del Justicialismo como si fuera la de Boca o River, sin haber pisado jamás la cancha; eso sí, siguen repitiendo las mismas zonceras de siempre que el General desarmó hace más de medio siglo. Pero ya se sabe que cuando el pueblo empieza a pensar por sí mismo, los vivos se asustan y los tontos se confunden.

Hoy, en 2025, el justicialismo no es pasado. Es futuro. Y más que nunca, en esta época donde nos quieren vender el egoísmo como libertad y la miseria como mérito, hace falta recordar algo bien sencillo, pero profundamente humano: nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.

Y eso, compañeros, no lo enseñó ningún extranjero, ni lo firmó ninguna fundación con sede en Nueva York. Lo dijo un argentino de carne y hueso, nacido en el campo, criado en la Patagonia, que supo escuchar al pobre, al trabajador, al hambriento. Enseñando a pensar por nosotros, no desde el espejo ajeno.

Perón fue más que un militar: fue escritor, filósofo, profesor, deportista, político, conductor, pensador. Fue arquitecto de una Patria hasta el momento olvidada, y fue amigo, padre y abuelo de un pueblo al que supo entender como nadie en la historia.

Hace 51 años que se fue físicamente. Pero los pueblos no entierran a sus verdaderos líderes. Los siembran.

Viva Perón.